jueves, 19 de agosto de 2010

La solidaridad no tiene cara de hereje


El 27 de febrero de 2010 fue un día fatídico para Chile. Y no precisamente porque quedara un día para comenzar marzo, sino que un terremoto de intensidad 8,8 en su epicentro se dejó sentir desde la Quinta hasta la Décima Región. También lo fue para Felipe Marmentini, Jefe Scout del Grupo del Instituto Nacional. Y no porque le haya pasado algo a él o a su familia, sino porque vio de cerca los primeros días después de la tragedia en San Vicente de Tagua Tagua.

Por Jorge Rubio

Cuando ocurrió el terremoto Felipe llevaba casi 10 de sus 23 años –con uno de receso- dentro del Movimiento Scout. Pese a eso, nunca había vivido siquiera de cerca algo así y reconoce que “desde el terremoto cambió su visión de los scouts y la verdadera misión que ellos tienen en Chile”.

¿Cuál es la misión de los scouts en Chile?

Debemos estar mejor preparados como institución. Reaccionar más rápido y tener una estructura más independiente en regiones. Necesitamos autogestión y estar involucrados dentro de los organismos de emergencia. Somos muchos los scouts en el país y podemos hacer mucho más.

¿Cómo ayudaron los scouts luego del terremoto?

Nos organizamos con la Asociación. Juntamos a los grupos de Santiago, porque nos habían llamado del colegio San Jorge de San Vicente. Éramos unos 80 jóvenes de toda la ciudad. Llegamos al colegio, donde nos dieron comida y alojamiento, y empezamos a trabajar.

¿Qué hicieron concretamente?

Participamos en una tocata en la plaza en la que se juntó comida para los damnificados. Después nos juntamos en cuadrillas de 10 personas y nos separamos para ayudar en todo. Removimos escombros, apuntalamos paredes, hicimos compañía a las víctimas. En algunas casas armamos carpas porque había gente que no quería dormir bajo techo por temor. En otros lados simplemente nos cerraron la puerta en la cara por miedo o porque pensaban que éramos incapaces de hacer el trabajo bien.

¿Cómo llegaron anímicamente a San Vicente?

Íbamos con todas las ganas, pero sabíamos con qué nos encontraríamos. Estábamos conscientes de que no fuimos allá a pasarlo bien ni a encontrarnos con gente que sí lo estuviera pasando bien, pero había que ir. Darles ánimo era, quizá, más importante que levantarles una casa. Aunque, eso sí, me sorprendió la entereza con que los habitantes de San Vicente enfrentaron el desastre. Era como si dijeran ‘no nos vamos a dejar vencer por un terremoto’.

DOS TECHOS PARA CHILE

Cuando los scouts de Santiago cumplieron dos días en San Vicente de Tagua Tagua, llegó gente de ‘Un Techo para Chile’ y, según Felipe, se generó un desorden un poco caótico. Dos grupos pretendían lo mismo, pero con distintas instrucciones.

¿Por qué se provocó la desorganización con la gente de ‘Un Techo para Chile’?

Se supone que ellos –la gente de ‘Un Techo para Chile- serían los que iban a construir las mediaguas, pero no tenían mano de obra. Así que recurrieron a nosotros. La discusión se generó una de las noches cuando acordábamos cómo íbamos a organizar la ayuda. Además, no había camiones para transportar el material de cada mediagua.

¿Y ese desorden qué trajo?

Tuvimos que improvisar demasiado. No había gente que organizara. De hecho, uno de los encargados de la escuela tenía sólo 17 años y ni siquiera sabía cómo levantar una casa de madera. Perdimos tiempo. No sabíamos dónde quedaban las casas de la gente a la que teníamos que ayudar. Un desorden más o menos, pero todo se generó por el ímpetu con el que queríamos trabajar. Nadie se arrancó con los tarros y eso fue clave para ayudar, por ínfimo que haya sido nuestro aporte, a levantar San Vicente.

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